PARTE 2: La vieja chiva regresó 3 veces para pedir ayuda, mientras el esposo se negaba a buscar a su mujer embarazada; cuando ella volvió con una desconocida herida, él quedó paralizado al verla.

PARTE 2
La lluvia golpeó las láminas del corredor mientras nadie se atrevía a moverse.
Jacinta permanecía sentada en una silla que Don Roque había acercado, con el tobillo envuelto en una manta y la mirada fija en Mateo.
Valeria sentía al niño moverse con fuerza, como si también respondiera a la tensión.
Mateo intentó ordenar que llevaran a la anciana al cuarto de los trabajadores, pero Valeria lo detuvo con una mirada.
—Ella se queda en la casa principal.
Mateo tensó el rostro.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Sé que es tu madre. Eso parece ser más de lo que tú estabas dispuesto a decir.
Don Roque pidió que trajeran agua caliente y mandó a un muchacho por el médico del pueblo.
Mateo quiso ayudar, aunque cada movimiento suyo parecía una forma de retrasar la explicación.
Jacinta, sin levantar la voz, le preguntó por qué había dicho que estaba muerta.
—Nunca te abandoné.
—No te pregunté eso.
—Pagaba tus medicinas. Reparé tu casa. Te llevaba maíz, frijol, leña y alimento para tus chivas.
Jacinta asintió lentamente.
—Todo eso es verdad.
Mateo pareció aferrarse a aquellas palabras.
—Entonces no digas que te abandoné.
—Llegabas a escondidas, Mateo. Dejabas comida, arreglabas una gotera y te marchabas antes de que alguien pudiera verte conmigo.
Valeria escuchó cómo se deshacían, una por una, las excusas con las que Mateo había construido su prestigio.
Cuando era joven, él había crecido ayudando a Jacinta a pastorear chivas.
Su padre murió aplastado por una carreta cuando Mateo tenía 13 años, y durante mucho tiempo madre e hijo sobrevivieron vendiendo quesos en el tianguis.
Después Mateo comenzó a trabajar con Don Roque, compró 2 becerros, luego 5, y acabó levantando el Rancho Los Laureles.
Al principio llevaba a Jacinta con orgullo.
Ella cocinaba para los trabajadores y dormía en un cuarto junto a la cocina.
Todo cambió cuando Mateo pidió un crédito grande y un empresario se burló de sus botas, de su manera de hablar y de la chiva Canela, que entonces seguía a Valeria por todas partes.
Mateo consiguió el dinero, multiplicó el ganado y empezó a borrar cualquier rastro de pobreza.
Primero trasladó a Jacinta a su antigua casa con el argumento de que estaría más tranquila.
Después dejó de invitarla a las fiestas, a las comidas con compradores y a las reuniones donde se hablaba de inversiones.
A Valeria le contó que su madre había muerto antes de conocerla.
A Jacinta le aseguró que no se casaba porque el rancho le quitaba todo el tiempo.
Durante 6 años sostuvo las 2 mentiras, visitando a su madre con el pretexto de revisar potreros al otro lado de la sierra.
Jacinta supo entonces que Valeria era su esposa, que llevaba un nieto en el vientre y que Mateo había convertido a su propia familia en un secreto vergonzoso.
El dolor de la anciana no fue ruidoso.
Miró sus guaraches mojados, el borde deshilachado de su rebozo y las manos que habían ordeñado chivas para alimentar a un niño ambicioso.
—Ahora entiendo por qué nunca me dejaste conocer tu rancho.
—No era por ti.
—Entonces era por la mujer que soy.
Mateo apartó la mirada.
Valeria vio algo todavía peor.
Esa misma mañana Mateo había comenzado a esconderla también a ella.
Los compradores no sabían que estaba casado porque uno de ellos, Ignacio Montalvo, quería asociarlo con su hija Paulina y había insinuado que un acuerdo entre familias facilitaría la compra de 400 hectáreas.
Mateo aseguró que nunca había aceptado semejante propuesta.
Valeria recordó las cenas a las que no fue invitada, las llamadas que él contestaba fuera de la casa y la insistencia en que ella permaneciera lejos cuando llegaban ciertos visitantes.
—¿Paulina ha venido al rancho?
Mateo no contestó.
Don Roque bajó la mirada.
—Ha venido 3 veces durante el último mes.
Valeria sintió que el cansancio se convertía en rabia.
—¿Y tú siempre pediste que yo estuviera en la cocina?
—No pasó nada entre nosotros.
—No necesitabas acostarte con ella para traicionarme.
—Solo estaba intentando cerrar un negocio.
—¿Cuánto valemos tu hijo y yo dentro de ese negocio?
Mateo no supo responder.
Jacinta lo observó con una mezcla de vergüenza y tristeza.
—De niño llorabas cuando algún vecino se burlaba de nuestras chivas.
Mateo cerró los ojos.
Jacinta recordó que Canela no era la misma chiva que habían tenido durante la infancia de Mateo, pero por eso él había aceptado conservar el nombre cuando el padre de Valeria le regaló el animal como una dote humilde.
Él mismo reparó el cencerro durante los primeros meses del matrimonio y decía que ese sonido anunciaba que su casa estaba completa.
Ahora aquel mismo sonido había tenido que cruzar la sierra 3 veces porque Mateo prefirió creer que su esposa hacía un drama antes que aceptar que podía estar en peligro.
Don Roque reveló entonces que la primera vez que Canela llegó con la tira roja quiso salir de inmediato.
—El patrón me dijo que usted conocía el camino.
Valeria miró a Mateo.
Don Roque continuó.
—La segunda vez ya había oscurecido. Volví a preguntarle y volvió a detenerme.
Jacinta apretó el bastón.
—¿Y la tercera?
—La tercera ya no pedí permiso.
Jacinta miró a su hijo.
—¿Cuántas veces necesita regresar alguien para que tú creas que importa?
Mateo se quedó sentado en el borde del corredor, empapado por la lluvia que entraba de lado.
No pidió perdón.
Valeria agradeció que no lo hiciera, porque una disculpa rápida habría parecido otra manera de escapar.
El médico llegó antes del amanecer.
Confirmó que Jacinta tenía un esguince severo y debía descansar varios días.
También revisó a Valeria.
Las contracciones habían sido provocadas por el esfuerzo y el miedo, aunque el bebé se encontraba estable.
—Si hubiera permanecido más tiempo bajo la lluvia, el parto pudo adelantarse.
Mateo palideció.
Intentó acercarse a Valeria.
Ella levantó una mano.
—No me toques.
—Valeria…
—Esta noche dormirás en la oficina.
Mateo asintió.
—Jacinta se queda aquí —añadió ella.
—Está bien.
—No te estoy pidiendo permiso.
A la mañana siguiente, Jacinta le pidió a Valeria que no tomara decisiones impulsivas.
—Es su hijo.
—Precisamente porque es mi hijo sé cuánto puede querer y cuánto puede lastimar.
—No sé si irme o quedarme.
—Entonces no decidas hoy.
Aquellas palabras fueron un alivio.
Desde la noche anterior, Valeria sentía que todos esperaban una respuesta inmediata: perdonar, marcharse, castigar, salvar el matrimonio.
Jacinta fue la primera persona que le permitió quedarse quieta.
Mateo salió temprano hacia la casa de su madre.
Regresó al mediodía con 2 baúles, una olla de barro, una máquina de coser, una silla fabricada por su padre y un altar pequeño de la Virgen de Guadalupe.
Cuando los trabajadores preguntaron de quién eran las cosas, Mateo respondió en voz alta.
—Pertenecen a mi madre. Ella vivirá con nosotros.
Jacinta no sonrió.
Reconocerla frente a los empleados era apenas el primer paso.
Esa tarde llegaron Ignacio Montalvo y Paulina sin avisar.
Mateo estaba cubierto de tierra, ayudando a Don Roque a reparar una cerca.
Ignacio miró a Jacinta con desprecio.
—¿Por qué esa señora está instalada en el corredor principal?
Mateo soltó la madera.
—Porque es mi madre.
Ignacio señaló a Valeria.
—¿Y ella por qué sigue aquí si dijiste que no participaba en las decisiones?
—Porque es mi esposa y administra parte del rancho.
Valeria levantó la vista.
Mateo continuó.
—También es dueña legal del 30% por el dinero que invirtió y por 6 años de trabajo sin salario.
Ignacio soltó una risa.
—La asociación dependía de una imagen limpia, Mateo. Sin familiares campesinos interfiriendo y sin una esposa incómoda apareciendo en las reuniones.
Paulina se avergonzó.
—Papá, basta.
Ignacio sacó una carpeta.
—Dile a tu esposa qué firmaste.
Valeria recibió el documento.
En la carta de intención, Mateo se había presentado como soltero.
—¿Esta firma es tuya?
Mateo no intentó negarlo.
—Sí.
Valeria sintió que el suelo desaparecía.
Mateo explicó que Ignacio había prometido cancelar una deuda de 8,000,000 de pesos que podía costarles el rancho entero.
La mentira ya no era solo emocional.
Había puesto el patrimonio de Valeria y el futuro de su hijo en manos de una familia que exigía borrarlas.
—¿Pensabas decírmelo después de entregar las tierras?
—Pensaba resolverlo antes.
—Siempre piensas que puedes mentir hasta que todo esté resuelto.
Ignacio exigió que Mateo eligiera entre la asociación o su familia.
Antes de que respondiera, Jacinta pidió que trajeran el baúl más pequeño.
Dentro guardaba escrituras antiguas, recibos y una libreta de su esposo.
Don Roque reconoció los papeles.
El terreno donde estaba el manantial que abastecía todo el rancho nunca había pertenecido a Mateo.
Era propiedad de Jacinta.
Años atrás ella le permitió usarlo sin cobrarle, pero jamás firmó una cesión.
Sin ese manantial, las 400 hectáreas que Ignacio pretendía controlar no valían ni la mitad.
Jacinta sostuvo la escritura frente a su hijo.
—No permitiré que una sola gota de mi agua respalde un negocio construido sobre la vergüenza.
Ignacio amenazó con demandar y embargar el rancho.
Mateo miró la carta donde había firmado como hombre soltero.
Después miró a Jacinta, a Valeria y a Canela junto al corredor.
Durante unos segundos pareció el mismo hombre que había dejado a su esposa en la montaña.
Luego tomó el documento y lo rompió frente a Montalvo.
—No habrá asociación.
—Perderás todo.
—Entonces perderé el rancho antes que volver a negar a mi familia.
Ignacio se marchó prometiendo destruirlo antes del nacimiento del bebé.
Pero el verdadero giro llegó cuando Don Roque abrió la libreta del difunto padre de Mateo.
Allí aparecía una cuenta de ahorro que nadie conocía.
Durante 18 años, Jacinta había depositado parte del dinero de sus quesos, convencida de que algún día su hijo podría necesitar volver a empezar.
El saldo no alcanzaba para pagar toda la deuda, pero sí para impedir el embargo inmediato.
Jacinta cerró la libreta.
—No usaré este dinero para salvar al mismo hombre que nos escondió.
Mateo bajó la cabeza.
—Dime qué tengo que hacer.
Jacinta señaló a Valeria.
—Ella administrará el rancho. Tú tendrás hasta que nazca tu hijo para demostrar si eres capaz de vivir sin esconder a quienes te sostuvieron…

PARTE 3 …
…DALE ME GUSTA, COMPARTE Y COMENTA «LA HISTORIA COMPLETA» SI QUIERES LEER LA HISTORIA COMPLETA.

Related Post