
PARTE 2
El camino comenzó a despejarse, pero para Valeria la verdadera tormenta apenas estaba empezando.
Durante los días atrapada en el rancho había dejado de ver a Mateo como el extraño que la salvó por obligación.
Ahora veía a un hombre que escondía una enorme tristeza detrás de su silencio.
Mateo también había cambiado.
La presencia de Valeria alteró una rutina que durante 2 años había utilizado como castigo.
Ella no llegó buscando salvarlo, pero sin proponérselo comenzó a recordarle que todavía podía sentir algo distinto al dolor.
La mañana en que llegó el mensajero de Julián, Valeria sintió un peso en el pecho.
—El señor Robles estuvo buscándola todos estos días. Pensó que la tormenta había acabado con usted.
Mateo escuchó desde la puerta del establo y comprendió que el tiempo prestado por la nieve había terminado.
Julián llegó esa misma tarde.
Era un hombre de 38 años, serio, educado y trabajador.
No parecía un villano.
No había abandonado a Valeria ni había olvidado su promesa.
Había enviado grupos de búsqueda y recorrido caminos peligrosos para encontrarla.
Cuando la vio con vida, su rostro mostró un alivio verdadero.
—Gracias a Dios está bien. No sabe cuánto miedo tuve de no encontrarla.
Valeria sintió culpa porque frente a ella estaba un hombre que también había cumplido su parte.
Julián había esperado una esposa.
Mateo había encontrado a una mujer que no quería perder.
Y ella estaba atrapada entre 2 caminos.
Julián insistió en que partieran a la mañana siguiente.
La nieve continuaba cubriendo parte del camino, pero varios hombres de su rancho habían llevado caballos, mantas y provisiones suficientes para acompañarlos.
—Mi casa está preparada para recibirla —explicó—. Mi hermana y mis trabajadores llevan días esperando.
Valeria miró hacia Mateo.
Él no dijo nada.
Aquella noche, mientras Julián descansaba en la habitación de invitados, Valeria encontró a Mateo frente al fuego.
—No quiero lastimar a nadie —confesó ella.
Mateo mantuvo la vista sobre las llamas.
—Entonces no construya una vida con alguien solamente por culpa.
—¿Y qué ocurrirá con nosotros?
—No sé si existe un nosotros.
La respuesta la hirió.
—Después de todo lo que pasó, ¿puede decirme eso?
Mateo apretó la mandíbula.
—Lo digo porque no quiero convertirme en el hombre que aprovechó una tormenta para quitarle la prometida a otro.
—Nadie me está quitando. Yo puedo decidir.
—También decidió venir hasta aquí para casarse con él.
Valeria retrocedió como si hubiera recibido una bofetada.
—Vine porque creía que una vida razonable era lo máximo que podía esperar.
—Julián parece un buen hombre.
—Lo es.
—Entonces quizá debería cumplir su promesa.
Valeria lo observó con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Eso es lo que quiere?
Mateo tardó demasiado en contestar.
—Quiero que esté a salvo.
—No le pregunté eso.
Mateo no respondió.
Valeria abandonó la habitación convencida de que había confundido gratitud con amor y compañía con esperanza.
A la mañana siguiente preparó su maleta.
Cuando Julián vio el equipaje junto a la puerta, sonrió con alivio.
Mateo ayudó a sujetarlo a uno de los caballos sin mirar a Valeria.
Ella esperaba que la detuviera, que dijera algo capaz de justificar aquellos 8 días.
Pero él guardó silencio.
El grupo avanzó durante casi 2 horas.
Valeria cabalgaba junto a Julián mientras Mateo desaparecía lentamente detrás de las montañas.
—¿Él la trató bien? —preguntó Julián.
—Me salvó la vida.
—Le estaré agradecido por eso.
Julián hablaba con sinceridad.
Cada palabra aumentaba la culpa de Valeria.
Cuando llegaron a una zona donde la nieve todavía cubría el sendero, uno de los caballos resbaló.
La mula que transportaba su maleta se soltó y corrió hacia un barranco.
Valeria intentó alcanzarla, pero su caballo perdió el equilibrio.
Julián se lanzó para sujetar las riendas.
Ambos estuvieron a punto de caer.
Uno de los trabajadores logró detenerlos.
Después del susto, Julián ordenó regresar a una vieja cabaña utilizada por los ganaderos durante las tormentas.
Allí, Valeria encontró su maleta dañada y varias cartas esparcidas sobre el suelo.
Julián recogió una de ellas.
Era una carta que Mateo había colocado entre sus pertenencias sin avisarle.
Valeria la abrió con manos temblorosas.
Mateo había escrito que la amaba, pero que no podía pedirle que rompiera una promesa mientras dependía de él para sobrevivir.
También confesaba que verla partir le dolía más que volver a quedarse solo.
Julián observó el rostro de Valeria mientras leía.
—¿Lo ama?
Ella cerró los ojos.
—No quería hacerle daño.
—No le pregunté eso.
Valeria no pudo seguir mintiendo.
—Sí.
El silencio se volvió insoportable.
Julián salió de la cabaña y permaneció varios minutos bajo la nieve.
Cuando regresó, su expresión ya no mostraba alivio.
Mostraba una herida profunda.
—Pude haber muerto buscándola.
—Lo sé.
—Preparé una casa para usted.
—Lo sé.
—Le escribí 11 cartas sin mentirle en ninguna.
Valeria bajó la cabeza.
—Por eso no puedo casarme con usted ocultándole la verdad.
Julián golpeó la mesa con la palma.
—¡La verdad llega después de que crucé la montaña para encontrarla!
Uno de los trabajadores se acercó, pero Julián le ordenó salir.
Valeria no retrocedió.
—Podría acompañarlo, casarme y cumplir cada obligación. Pero cada mañana recordaría que elegí por miedo a decepcionarlo.
—¿Y cree que eso disminuye la humillación?
—No. Solo evita que la humillación se convierta en una vida entera.
Julián se quedó mirándola.
Tenía razones para enfurecerse.
Sin embargo, después de varios minutos, guardó las cartas en la maleta.
—Regresaremos al rancho de Mateo cuando el sendero sea seguro.
Valeria levantó la mirada.
—No tiene que hacerlo.
—No voy a obligarla a cumplir una promesa si su corazón ya está en otro lugar.
Cuando volvieron, Mateo salió al patio creyendo que había ocurrido un accidente.
Al ver a Valeria, se quedó inmóvil.
Julián desmontó y caminó directamente hacia él.
—¿Usted escribió esta carta?
Mateo no mintió.
—Sí.
—Debió decirlo frente a mí.
—No quería presionarla.
—Pues lo consiguió de todos modos.
Los 2 hombres se miraron con una tensión capaz de terminar en golpes.
Valeria se colocó entre ambos.
—La decisión es mía.
Julián respiró profundamente.
—Entonces dígala frente a los 2.
Valeria tomó valor.
—No puedo casarme con usted, Julián.
Él bajó la mirada.
—¿Lo elige a él?
—Elijo no comenzar un matrimonio con una mentira.
Julián permaneció en silencio antes de volverse hacia Mateo.
—No crea que ganó algo. Ella no es una propiedad.
Mateo asintió.
—Nunca lo pensé.
—Cuídela. No todos reciben una segunda oportunidad.
Julián regresó a su caballo, pero antes de marcharse miró una última vez a Valeria.
—Espero que encuentre con él lo que yo quería ofrecerle. Aunque hoy me cueste decirlo.
Los rumores llegaron al pueblo antes que ellos.
Algunos acusaron a Valeria de haber utilizado a Julián.
Otros aseguraron que Mateo había aprovechado su aislamiento.
Una familia cercana a Julián exigió que él denunciara a Mateo por haber retenido a su prometida.
La hermana de Julián incluso apareció en el rancho.
—Mi hermano arriesgó la vida por usted y así le paga.
—No quise engañarlo.
—Las mujeres como usted siempre tienen una explicación.
Mateo salió de la casa.
—No vuelva a hablarle así.
—Usted debería esconderse de vergüenza.
—La tormenta la dejó aquí. Yo solo impedí que muriera.
—Y después se quedó con la mujer de otro.
Valeria intervino antes de que la discusión empeorara.
—Yo no pertenecía a nadie.
La frase recorrió el pueblo y dividió a las familias.
Mateo decidió que no se casarían de inmediato.
—Necesitamos saber si esto sobrevivirá cuando ya no exista una tormenta que nos obligue a estar juntos.
Valeria aceptó, aunque le dolió.
Durante casi 1 año se conocieron sin nieve, sin peligro y sin una deuda de gratitud entre ellos.
Valeria aprendió a administrar el rancho y a cuidar a los animales.
Mateo aprendió que amar nuevamente no significaba olvidar a Elena.
Un día, Valeria colocó la fotografía de Elena junto a las nuevas imágenes que comenzaban a llenar la casa.
—Pensé que querrías guardar todo lo relacionado con ella —dijo Mateo.
—El pasado no desaparece porque llegue alguien nuevo. Solo significa que todavía existe espacio para más recuerdos.
Aquella frase derribó la última defensa que él conservaba.
Cuando anunciaron su boda, incluso algunos de quienes los habían criticado aceptaron que su relación no había sido un capricho.
Sin embargo, la mañana de la ceremonia apareció un hombre con una caja encontrada en la casa de la hermana de Elena.
Dentro había ropa, fotografías y una carta cerrada dirigida a Mateo.
Era una carta escrita por Elena pocos días antes de morir.
Mateo reconoció la letra y sintió que el aire desaparecía.
Durante 2 años había vivido convencido de que la muerte de su esposa había sido culpa suya.
Pero las palabras guardadas dentro de aquel sobre podían demostrar que Elena conocía un secreto sobre la tormenta que nadie se había atrevido a contarle…
PARTE 3 …
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