
PARTE 2
Mateo esperó hasta que los ladrones se llevaron 5 reses y memorizó las marcas de las monturas, el rumbo que tomaron y hasta la forma de caminar del caballo de Chuy. Al amanecer regresó al rancho con barro hasta la cintura. —Fue Chuy —dijo ante Valeria—. Abrió la cerca desde adentro. Ella quiso enfrentarlo de inmediato, pero Mateo la detuvo. —Si lo asusta, Hilario dirá que actuó solo. Necesitamos que la autoridad vea las huellas antes de que las borren. Valeria mandó encerrar a Chuy en el almacén con 2 peones vigilándolo y cabalgó con Mateo hasta la cabecera municipal. Don Hilario ya los esperaba bajo los portales, acompañado del síndico y de varios hombres que le debían favores. Era un hombre ancho, de bigote perfectamente recortado y sonrisa de santo pintado. —Prima, qué sorpresa —saludó—. ¿Vienes a venderme por fin el arroyo? Valeria siguió de largo. Ante el juez, Mateo relató lo sucedido. El secretario escribió cada palabra y después le tendió la pluma. —Firme aquí. Mateo bajó la mirada. —No sé firmar. Puedo poner una cruz. Hilario soltó una carcajada desde la puerta. —¿Ese es tu testigo? ¿Un analfabeto que llegó muerto de hambre con una niña y un perro pulguiento? ¿La palabra de ese hombre va a pesar más que el nombre de nuestra familia? Mateo sintió que la vergüenza antigua le doblaba la espalda. Había soportado hambre, golpes y caminos interminables, pero nunca había aprendido a defenderse de quienes usaban las letras para hacerlo sentir menos. Valeria se levantó. —La familia que mencionas es también la mía, Hilario, aunque te moleste que una mujer haya heredado lo que tú querías. Mateo quizá no lea papeles, pero leyó las huellas que tus hombres dejaron. Salvó ganado que tus capataces habrían dejado morir y trabaja más en 1 día que tú en toda tu vida. Hilario se puso rojo. —Una mujer sola termina creyéndole cualquier cosa al primer peón que la mira bonito. —Y un hombre cobarde termina llamando tradición a su ambición. El juez aceptó la cruz de Mateo, ordenó revisar el arroyo y encontró todo como él lo había descrito. Chuy confesó el robo menor, pero aseguró que Hilario no sabía nada. Recibió dinero, abandonó el rancho y desapareció antes de declarar formalmente. Hilario pagó las reses para evitar una investigación mayor, pero desde aquel día juró destruir al forastero. Mientras tanto, Alma seguía aprendiendo. Cada tarde se sentaba con Valeria frente al escritorio del difunto don Ernesto Montalvo. En 2 meses ya podía leer frases completas. Una noche llamó a Mateo desde la cama. —Papá, siéntate. Te voy a leer un cuento. Él escuchó a su hija dar voz a aquellas marcas que para él siempre habían sido muros. Cuando Alma terminó, Mateo salió al corredor para que nadie lo viera llorar. Valeria estaba ahí, envuelta en un rebozo. —Le enseñó algo que yo jamás habría podido darle —murmuró él. —Usted le dio las ganas de seguir. Eso vale más. —Yo no soy hombre listo. —Sabe cosas que ningún libro enseña. Y deje de hablar de usted como hablaban quienes lo humillaron. Desde esa noche, la distancia entre patrona y vaquero comenzó a romperse. Valeria lo esperaba con café al amanecer. Mateo le guardaba las mejores guayabas que encontraba junto al arroyo. No se tocaban, pero hablaban durante horas mientras el cielo se volvía rojo sobre los potreros. Hilario observó aquella cercanía y llevó el veneno a la familia. Durante la misa del domingo insinuó ante las tías de Valeria que ella vivía amancebada con su empleado. Su tía Teresa llegó al rancho indignada. —Tu padre se moriría otra vez si supiera que estás revolcándote con un peón. —Mi padre se avergonzaría de que su propia hermana repita chismes de un ladrón. —Hilario tiene apellido. Ese hombre no tiene nada. —Tiene manos limpias. En esta familia eso ya es mucho. El escándalo se extendió por el pueblo. Las mujeres dejaron de saludar a Valeria y los proveedores comenzaron a exigir pagos anticipados. Mateo le pidió permiso para marcharse, pero ella se negó. Antes de que pudieran resolverlo, Copo empezó a ladrar furiosamente a medianoche. Mateo salió y vio 3 líneas de fuego avanzando desde el terreno de Hilario hacia el corral principal. El viento empujaba las llamas contra las 240 reses. Mateo entregó a Alma a doña Meche y tomó el mando. Abrió el corral, localizó a las vacas guía y condujo el hato hacia el potrero húmedo. Copo corrió junto a los becerros, mordiéndoles suavemente las patas para mantenerlos unidos. Cuando casi todos estuvieron a salvo, Mateo oyó los bramidos del corral de maternidad. Había 8 vacas con sus crías atrapadas entre el humo. —¡Déjalas! —gritó un peón—. ¡No vale la pena morir por animales! Mateo se cubrió la cara con un paliacate mojado y entró. Sacó a los becerros en brazos, 1 por 1, sabiendo que las madres los seguirían. En el último viaje cayó junto a la cerca ardiendo. Valeria corrió hacia él y le sostuvo la cara ennegrecida. —¡Mateo, mírame! ¡No te atrevas a morir después de llegar a esta casa! Él abrió los ojos. —¿El ganado? —Está vivo. Tú también vas a vivir, aunque tenga que obligarte. Mateo pasó 3 días con las manos vendadas y los pulmones dañados. Valeria lo cuidó sin preocuparse por los rumores. La noche del 3.er día, él reunió valor. —Cuando me tomó la cara entre sus manos, pensé que podía morir tranquilo porque a alguien le importaba. No tengo tierras, estudios ni apellido. Solo tengo estas manos y un corazón que ya le pertenece. Valeria lloró en silencio. —Los hombres que se acercaron a mí nunca vieron a la mujer. Vieron el arroyo, el ganado y la escritura. Usted fue el primero que me miró a mí. Desde su catre, Alma levantó la cabeza. —Yo también quiero que seamos 3. Se abrazaron, pero la felicidad volvió a despertar la crueldad de Hilario. Los rumores empeoraron y Mateo, convencido de que estaba destruyendo el nombre de Valeria, preparó su bulto para irse. Alma despertó y comenzó a gritar. —¡Siempre nos vamos cuando por fin somos felices! Valeria llegó descalza. —Usted no se marcha por mi bien. Se marcha porque todavía cree que no merece que lo quieran. —Están acabando con su reputación. —Mi reputación no vale más que la verdad. El amor no huye, Mateo. El miedo sí. Ella lo besó frente a Alma y decidieron casarse. Hilario respondió 2 días después. Llegó acompañado de un notario y presentó un pagaré supuestamente firmado por don Ernesto 12 años atrás. El documento afirmaba que El Encinal debía una fortuna y que el arroyo era la garantía. Valeria tenía 72 horas para pagar o entregar las tierras. La firma parecía auténtica. Mateo pidió todos los documentos del difunto y los colocó sobre la mesa. —No sé leer, pero sé seguir rastros. Ninguna pisada cae 2 veces de forma idéntica. Ninguna firma tampoco. Encontró 2 firmas exactamente iguales, trazo por trazo: la del pagaré y la de una escritura antigua. Alma señaló la tinta. —Las cartas viejas están cafés. Esta firma sigue negra. La hicieron hace poco. En ese momento golpearon la puerta. Chuy cayó dentro de la casa con la camisa ensangrentada. Había regresado huyendo de los hombres de Hilario. Cerró la mano de Mateo sobre una pequeña llave de hierro. —El patrón mandó quemar el rancho. También falsificó el pagaré. En su escritorio guarda las cuentas de todo. Pero ya sabe que ustedes descubrieron la firma y antes de que amanezca vendrá a matarlos…
Parte 3 …
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