
PARTE 2
Mariana sintió que el patio de la hacienda giraba bajo sus pies. Durante 5 años había escuchado a Mateo hablar de su madre fallecida, de la enfermedad que supuestamente se la llevó y del dolor que había marcado su juventud. Incluso había colocado flores cada aniversario ante una fotografía que él mantenía sobre la chimenea. Ahora la mujer de aquella imagen estaba frente a ella, temblando, con una pierna destrozada y la ropa convertida en harapos. Mateo intentó afirmar que Soledad padecía problemas mentales, que había abandonado voluntariamente a la familia y que su presencia solo provocaría un escándalo frente a los inversionistas. Sin embargo, la anciana recordó fechas, lugares y detalles que nadie ajeno a la familia podía conocer. Contó que la silla de madera del despacho había sido tallada por el padre de Mateo, que la cicatriz del hombro de su hijo provenía de una caída a los 9 años y que la primera potranca de la hacienda se llamaba Lucero. Don Tomás ordenó a los trabajadores que llevaran a las 2 mujeres a habitaciones calientes y llamó a un médico del pueblo. Mateo quiso impedirlo, pero nadie lo obedeció. El respeto que había construido mediante amenazas se desmoronó en una sola noche. El médico confirmó que Mariana sufría hipotermia leve, deshidratación y contracciones provocadas por el estrés. El bebé seguía vivo, aunque necesitaba reposo absoluto. Soledad tenía una fractura y una infección avanzada en la herida. Mientras recibía atención, confesó que no había caído por accidente. Un hombre enviado por Mateo la había obligado a abandonar su cabaña esa tarde porque la propiedad sería vendida junto con 300 hectáreas de bosque. La anciana se negó a irse y, durante el forcejeo, cayó por un barranco. Mateo aseguró que el peón había actuado por cuenta propia, pero don Tomás recordó haberlo visto salir del despacho con un sobre. Mariana no discutió. Esperó hasta el amanecer, tomó una maleta y se instaló en el cuarto más pequeño de la casa. No podía marcharse todavía por recomendación médica, pero dejó claro que no volvería a compartir la cama con un hombre capaz de abandonar a 2 mujeres en la montaña. Mateo pasó la noche caminando por los corredores, convencido de que podía arreglarlo todo con dinero. Al día siguiente ofreció comprarle a su madre una casa en la ciudad, contratar enfermeras y depositarle una mensualidad. Soledad rechazó cada propuesta. No quería lujos; quería que él reconociera públicamente que seguía viva y explicara por qué la había ocultado. Mateo se negó, pues los inversionistas creían que él había heredado la hacienda después de quedar huérfano. Si se descubría que Soledad era la propietaria legal de una parte considerable de las tierras, el contrato quedaría suspendido. Mariana comprendió entonces que el abandono no había sido consecuencia de una discusión impulsiva. Mateo la dejó en la montaña porque ella había descubierto documentos relacionados con la venta de terrenos que no le pertenecían. Su muerte podía parecer un accidente provocado por el clima, y el hijo que llevaba dentro dejaría de reclamar la herencia que Soledad había reservado para su primer nieto. Aquella posibilidad convirtió el miedo en furia. Don Tomás investigó discretamente y encontró que Mateo había solicitado una póliza de vida para Mariana por 12,000,000 de pesos apenas 3 meses antes. También había preparado un poder notarial mediante el cual, si ella quedaba incapacitada, él podría administrar las acciones que recibió al casarse. Mariana entregó los documentos a una abogada de Durango llamada Rebeca Castañeda. La abogada confirmó que la firma de Soledad había sido falsificada en 4 contratos y que la venta de la cabaña era parte de una operación mucho mayor. Mateo pretendía talar el bosque, vender el agua de los manantiales a una embotelladora y convertir la hacienda en un complejo ganadero industrial. Los habitantes de 3 comunidades perderían el acceso al río. Soledad había protegido esas tierras durante décadas porque el padre de Mateo le hizo prometer que nunca expulsaría a las familias que trabajaban allí. Cuando su esposo murió, dejó deudas con prestamistas ligados al contrabando de ganado. Para evitar que mataran a Mateo, Soledad vendió joyas, entregó parcelas personales y trabajó durante años curando animales y lavando ropa. También permitió que su hijo apareciera como heredero principal para que pudiera solicitar créditos y reconstruir la hacienda. Mateo jamás conoció la magnitud del sacrificio. Solo vio a una mujer pobre, vestida con ropa gastada, que le recordaba el origen humilde del que deseaba escapar. Cuando comenzó a relacionarse con empresarios ricos, la escondió en la cabaña y difundió la historia de su muerte. A cambio, prometió visitarla cada semana y mantener intactas sus tierras. Cumplió durante 2 meses. Después dejó de subir, excepto para exigir firmas. Mariana visitó a Soledad durante su recuperación y descubrió en ella una ternura que contrastaba con la dureza de Mateo. La anciana hablaba con el bebé, tejía pequeños calcetines y pedía perdón por no haber revelado su existencia antes. Temía que su hijo reaccionara con violencia si intentaba acercarse. Humo permanecía junto a la puerta, vendado y débil, pero levantaba la cabeza cada vez que Mariana respiraba con dificultad. El veterinario dijo que el perro sobreviviría, aunque una de sus patas quedaría rígida. Su lealtad conmovió a todos menos a Mateo, quien evitaba mirarlo porque cada herida del animal le recordaba las 3 oportunidades que tuvo para actuar. Los inversionistas regresaron 4 días después y exigieron firmar antes de que se conocieran los problemas legales. Mateo organizó una comida en el comedor principal y ordenó que Soledad permaneciera encerrada. Mariana fingió aceptar la reconciliación para asistir. Durante la reunión, Rebeca llegó con copias certificadas de las escrituras. Frente a empresarios, trabajadores y representantes de las comunidades, demostró que el 46% de la hacienda pertenecía a Soledad y que cualquier operación requería su consentimiento. Mateo perdió el control. Acusó a Mariana de destruir el futuro de su hijo y afirmó que una buena esposa debía proteger el apellido de su marido. Ella respondió que un apellido construido sobre el abandono no era una herencia, sino una condena. Soledad entró apoyada en don Tomás y se negó a firmar. Los inversionistas abandonaron la mesa, amenazando con demandar a Mateo por fraude. Esa misma noche, él desapareció con documentos, efectivo y las llaves de una camioneta. Mariana creyó que había huido. Sin embargo, al revisar la habitación de Soledad, descubrió que la anciana también había desaparecido. Sobre la cama había una nota escrita por Mateo en la que exigía que Mariana retirara la denuncia y firmara los contratos antes del amanecer. De lo contrario, llevaría a su madre al mismo barranco donde la había encontrado. Humo olfateó la nota, gruñó y avanzó cojeando hacia la puerta trasera. Mariana quiso seguirlo, pero una contracción brutal la hizo caer de rodillas. El médico había advertido que otro episodio de miedo podía adelantar el parto. Don Tomás llamó a la policía, aunque una tormenta cerró los caminos hacia la hacienda. Sin esperar ayuda, el capataz preparó caballos y pidió a los trabajadores de las comunidades que rodearan la montaña. Mariana, pese al dolor, entregó a Rebeca una grabación que había hecho durante la comida. En ella, Mateo reconocía indirectamente que necesitaba la firma de Soledad y que había abandonado a su esposa para asustarla. Aquella prueba podía enviarlo a prisión, pero también podía provocar que lastimara a su madre. Humo encontró el rastro de la camioneta junto al antiguo aserradero. Don Tomás llegó poco después y vio a Mateo sujetando a Soledad cerca del precipicio. El hombre exigía que ella firmara una hoja apoyada sobre el cofre. Soledad se negó. Mateo levantó la mano para golpearla, pero Humo se lanzó contra él, aun con la pata herida. Los 2 rodaron sobre el suelo mojado. Don Tomás corrió hacia ellos y logró apartar al perro. En ese instante, un trueno espantó a los caballos y la tierra cedió bajo los pies de Soledad. La anciana quedó colgada del borde, sostenida únicamente por una raíz. Mateo pudo correr hacia la camioneta y escapar antes de que llegaran los demás. Sin embargo, al ver a su madre suspendida sobre el vacío, recordó por primera vez las manos que lo alimentaron, las noches en que ella veló su fiebre y el vestido negro que usó el día que enterraron a su padre. Se arrodilló, atrapó las muñecas de Soledad y comenzó a tirar. La tierra se desmoronaba bajo su cuerpo. Don Tomás sujetó a Mateo por la cintura y varios hombres formaron una cadena para rescatarlos. Cuando Soledad estuvo a salvo, Mateo no intentó huir. Se quedó de rodillas bajo la lluvia, mirando sus propias manos ensangrentadas. La policía llegó horas después y lo arrestó por falsificación, fraude, privación ilegal de la libertad y abandono de persona. Antes de subir a la patrulla, Mateo vio que una camioneta de la hacienda bajaba a toda velocidad. En el asiento trasero, Mariana gritaba de dolor mientras Rebeca sostenía su mano. El bebé estaba naciendo 6 semanas antes de tiempo, y el único puente hacia el hospital acababa de derrumbarse…
Parte 3 …
…Si quieres saber qué pasó después, escribe “SÍ” y dale me gusta para ver más.
